El ALCA y Puerto Rico: lecciones en un contexto distinto*

 

Edwin Irizarry Mora**

 

 

I. Introducci—n

Las negociaciones para la formalizaci—n del Acuerdo de Libre Comercio de las AmŽricas (ALCA) se han convertido en uno de los focos de estudio m‡s apasionantes y, tambiŽn, de mayor especulaci—n, durante los pasados meses. Desde una y otra perspectiva muchos tratan de anticipar las mœltiples consecuencias que tendr‡ el ALCA sobre los pa’ses miembros, particularmente sobre las naciones menos afortunadas de la regi—n.

            Independientemente de los argumentos a favor y en contra de esta propuesta de intercambio comercial hemisfŽrico, Puerto Rico se presenta como un caso singular. No s—lo se trata de la peculiaridad de su relaci—n colonial con la econom’a y la sociedad estadounidense, sino de que, junto a Cuba, constituyen los œnicos pa’ses en la regi—n que no han participado ni podr‡n participar Ðaunque por razones distintasÑde forma directa en los acuerdos que resulten del proceso.

            En ese sentido, es necesario evaluar lo que ha sucedido hasta ahora en el marco de las negociaciones del ALCA, para derivar lecciones que sirvan de referencia a Puerto Rico, tanto ahora, bajo las restricciones que impone la camisa de fuerza que representa su situaci—n pol’tica, como cuando finalmente disfrute de los poderes soberanos que le permitan participar de tœ a tœ en este tipo de negociaci—n. Desde la perspectiva de las econom’as en v’as de desarrollo, las contrapropuestas que surjan sobre la marcha podr’an acarrear modificaciones importantes en las presunciones sobre las cuales se montar’a el andamiaje de este pacto regional.

 

II. El libre comercio como herramienta para el desarrollo econ—mico

 

Si utiliz‡ramos como marco de referencia la teor’a econ—mica neocl‡sica Ðsobre la cual, dicho sea de paso, se ha construido el discurso neoliberalÑno tardar’amos mucho en concluir que el libre comercio es, no solamente positivo, sino necesario para pa’ses grandes y peque–os, del Norte y del Sur. La premisa b‡sica es que la libre movilidad de los factores de producci—n, al amparo del principio de ventaja comparativa, justificar‡, bajo cualquier escenario, el intercambio comercial. La especializaci—n en bienes primarios en el caso de los pa’ses en v’as de desarrollo, y de bienes manufacturados en el lado de los pa’ses industrializados, ha estado m‡s que justificada, segœn este paradigma. Ello es as’, independientemente de que Ð utilizando una frase de Gunder FrankÑlos primeros se hayan especializado en perder y los segundos en ganar.

            Por otra parte, segœn este marco te—rico-conceptual, el desastre que ha significado el intercambio comercial para la mayor’a de los pa’ses pobres, bajo las condiciones claramente desiguales de la econom’a internacional, es meramente resultado de las imperfecciones en sus respectivos mercados, por lo que, una vez corregidos tales desequilibrios estructurales mediante el libre entre-juego de las fuerzas conjuntas y simult‡neas de oferta y demanda, es cuesti—n de tiempo en lo que se manifiestan plenamente las bendiciones del libre comercio.

            Los opositores de esta visi—n ser‡n testigos de c—mo, eventualmente, el intercambio sin barreras entre los pa’ses del orbe traer‡ progreso y bienestar a toda la humanidad.

 

III. Los eventos recientes en la regi—n latinoamericana y caribe–a

Una manera l—gica de aproximarnos a lo que ha ocurrido recientemente en torno al proceso de negociaciones del ALCA es analizar los eventos m‡s sobresalientes en forma cronol—gica. Un punto de partida podr’a ser lo acontecido en la Cuarta Cumbre de Taiw‡n, en la que, hacia fines de agosto, se firm— un Tratado de Libre Comercio entre Panam‡ y el referido pa’s asi‡tico. Este œltimo ya tiene una inversi—n de $932.5 millones en el primero y, como eje del acuerdo, se destaca que en un periodo de 10 a–os se liberar‡ el 95% de los aranceles, lo que impulsar‡ las exportaciones paname–as. Se alega que, como resultado de esa cumbre, aumentar‡ el turismo de los residentes del sureste asi‡tico a AmŽrica Central.

            Para la misma fecha, la agencia espa–ola de noticias (EFE) informa que la empresa importadora cubana Alimport firm— un acuerdo con el estado de Alabama y una carta de intenci—n con su puerto ÒMobileÓ, mediante la cual se espera una relaci—n comercial de beneficio mutuo. El acuerdo beneficiar’a, especialmente, a 47,000 granjeros de ese estado, cuya producci—n anual supera los $4,000 millones. Se espera la creaci—n de sobre 87,000 empleos y sobre 16 viajes semanales que transportar’an alimentos a granel o refrigerados a la mayor de las antillas. Ya se negoci— la compra de 10,000 metros cœbicos de madera, 10,000 toneladas de pollo congelado y de productos l‡cteos y se espera la venta de ganado. Se calcula que el volumen anual de estas exportaciones superar‡ los $500 millones.

Hacia fines del mes de agosto llegan noticias desde Ginebra que afirman que el negociador suizo en la OMC critic— a pa’ses como Brasil, Argentina, Chile, India y China, por ofrecer compromisos m’nimos en tŽrminos de la imposici—n de topes arancelarios para proteger a sus agricultores. A este reclamo se unieron Corea, Islandia, Bulgaria y Jap—n. ÒEso no va a funcionarÓ, asegur— Luzuis Wasescha.

            Mientras tanto, en Estados Unidos los agricultores y ganaderos podr’an solicitar, en conjunto, hasta $90 millones asignados en caso de que los precios de sus productos bajen radicalmente debido a la entrada de importaciones baratas. Esta medida es en previsi—n de lo que ocurri— con empresas estadounidenses que se fueron a la quiebra debido al ÒdumpingÓ del acero japonŽs en los mercados mundiales y de las telas chinas que inundaron el mercado de EU.

            En s’ntesis, el mes de agosto parece haber dejado como balance varias porciones de cal, pero tambiŽn de arena, en las negociaciones bilaterales y multilaterales en proceso. Lo cierto es que, para los defensores a ultranza del libre comercio, las situaciones descritas han tra’do cierto sinsabor en las posibilidades del mundo que ellos desean.

            M‡s recientemente, a principios del mes de octubre, el viceministro de Econom’a de El Salvador asegur— (refiriŽndose al Tratado de Libre Comercio con CentroamŽrica -CAFTA) que, durante la reuni—n de Houston del 20 al 24 de octubre, el acceso agr’cola quedar’a acordado en un 60% y que, en el caso de los productos ÒsensiblesÓ, las condiciones de compra-venta se discutir‡n producto por producto. En un mensaje claramente optimista, el funcionario salvadore–o a–adi— que los aspectos relacionados con el medio ambiente, as’ como el tema laboral, tambiŽn se incluir’an entre los asuntos a discutirse.

            No obstante, esa nota de optimismo se opac— el mismo d’a cuando Estados Unidos volvi— a insistir en que Costa Rica abra el mercado de las telecomunicaciones, de la producci—n energŽtica y de los seguros. Como era de esperarse, los sindicatos han amenazado con detener tal petici—n, ya que ser’a el inicio de una pol’tica abierta de privatizaci—n. Por otra parte, la jefa negociadora de Costa Rica, Anabel Gonz‡lez, alega que sin el tratado con Estados Unidos se pondr’an en peligro el 25% de los empleos del pa’s y el 45% de la producci—n agr’cola, que es la proporci—n del total que se exporta al mercado estadounidense. Obviamente, aqu’ se evidencia que el presunto consenso nacional en cada uno de los 34 pa’ses que participar’a del ALCA, no deja de ser un mito al que aspiran los propulsores del libre comercio.

            Como cuesti—n de hecho, a fines del mes septiembre, la revista de corte conservador The Economist lanz— una dura cr’tica a los que se oponen al libre comercio, quienes, por su parte, celebraron el fracaso de las negociaciones en Cancœn el 14 de septiembre. Ante este incidente inesperado, los optimistas se–alaron que la ronda de Uruguay de la OMC tom— ocho a–os en completarse, en ves de tres, como se hab’a planificado. Por eso, a su juicio, no debe haber preocupaciones con respecto al ALCA.

            Otro art’culo publicado en ese mismo nœmero de la prestigiosa revista se titula ÒThe WTO Under FireÓ, el cual se explica por s’ solo. De hecho, llama la atenci—n que en la portada de esa edici—n aparece un cactus en forma de una mano invertida con el dedo medular apuntando hacia arriba, refiriŽndose al fracaso aludido.

En una edici—n posterior de The Economist se asegura que Òel fiasco de Cancœn ha herido las posibilidades de intercambio m‡s libre (freer trade) en las AmŽricasÓ. La gŽnesis del proceso del ALCA fue la reuni—n de Miami en 1994, con los mismos 34 pa’ses. Si bien es cierto que se supone que el proceso culmine el 31 de diciembre de 2004, el colapso de las negociaciones de Cancœn ha creado un ambiente de incertidumbre. En ese contexto, Estados Unidos ha advertido que negociar‡ con los que quieran, independientemente de quiŽnes se queden fuera.

No debemos pasar por alto que Estados Unidos y Brasil son los co-presidentes del ALCA y que ya ha habido serias acusaciones entre ambos pa’ses. Por ejemplo, el gobierno brasile–o se–ala que Estados Unidos Òhace tretas contra sus futuros sociosÓ, mientras los estadounidenses dicen que Brasil dirige a los inmovilistas.

Como si lo anterior no fuese suficiente, en la primera semana de octubre MŽxico anunci— que impondr’a restricciones a las exportaciones de tequila en barriles a Estados Unidos y tratar‡ de que este tradicional licor se embotelle en su territorio nacional. Esta decisi—n tendr’a un gran impacto en la industria de licores en Estados Unidos, ya que hasta la fecha el producto importado se embotella en su suelo. Naturalmente, la presunci—n es que MŽxico desea aumentar el empleo en este sector industrial. El debate aqu’ se centra en dos temas cruciales: proteccionismo vis-a-vis control de calidad. Como era de esperarse, Estados Unidos se opone tenazmente a la propuesta.

No obstante, tal parece que en el caso de Chile el panorama no pinta tan desalentador. El acuerdo chileno con Estados Unidos comienza el 1ro de enero de 2004. El 87% de las exportaciones chilenas a ese pa’s quedar‡ libre de impuestos de entrada, en un escenario en el que ya el mercado estadounidense es el destino principal. Actualmente, el comercio entre ambos supera los $6,000 millones, de los cuales Chile exporta $3,900 millones. Segœn las autoridades chilenas, esta cifra deber’a aproximarse a los $8,200 millones en 2010.

Un escollo adicional, que parece estar desvaneciŽndose poco a poco, y que incluye a pa’ses fuera de este hemisferio, es la formaci—n del grupo de los G-21, dirigido por China, India y Brasil, y que est‡ compuesto por pa’ses en v’as de desarrollo. Estos han puesto presi—n para que los pa’ses industrializados reformen sus sectores agr’colas, mientras defienden subsidios para sus productos en ese sector. Ya el Presidente de la Comisi—n de Finanzas del Senado de Estados Unidos, Charles Grassley, sugiri— que ningœn pa’s miembro del G-21 pacte bilateralmente con Estados Unidos. En ese sentido no es de extra–ar que Costa Rica, Guatemala, Perœ, Colombia y Ecuador se salieran casi inmediatamente del G-21. De nuevo, el mollero norteamericano en plena acci—n.

            En el contexto de lo anterior, no debemos perder de perspectiva que Brasil desea jugar un rol de dirigente en el hemisferio, especialmente en Sur AmŽrica, pero la presencia de Estados Unidos lo impedir’a. El sector industrial manufacturero de Brasil teme por la penetraci—n del capital estadounidense y su eventual desplazamiento, lo que contrasta con las posibilidades que se abrir’an al penetrar el enorme mercado de norteamericano. Por su parte, Estados Unidos desea proteger las inversiones de capital, as’ como la propiedad intelectual.

Colombia y Perœ han manifestado su deseo de mantener las preferencias comerciales que ya tienen. Esto nos hace recordar lo planteado por Villamil y Lara en su art’culo de 1999, publicado en el libro editado por Francisco Mart’nez, El futuro econ—mico de Puerto Rico, en lo que concierne a las contradicciones, aparentemente insalvables, entre la regionalizaci—n y la globalizaci—n. En ese sentido, es v‡lido preguntarse si el ALCA es compatible con la complejidad que implican los acuerdos previos con los mismos protagonistas. Otra pregunta que deber’a formularse, al final, es: Àd—nde quedan las iniciativas del cooperativismo, de las empresas co-gestadas y otras de sectores nativos en cada uno de los pa’ses latinoamericanos y caribe–os? ÀPodr‡n armonizarse con las disposiciones del ALCA?

Un elemento adicional que debe tomarse en cuenta es que el mismo sentimiento de proteccionismo que impera en la sociedad norteamericana, y m‡s en un a–o electoral, podr’a llevar a posponer el ALCA hasta el 2005. De hecho, Estados Unidos no es el œnico pa’s industrial que pregona el libre comercio pero abraza el proteccionismo. Jap—n s—lo ha negociado un acuerdo (con Singapur) y defiende su agricultura nativa. Aunque los japoneses acusaron a MŽxico de proteger su industria de acero, una de razones por las cuales las posibilidades del acuerdo mexicano-japonŽs se esfumaron fue debido a que Jap—n no desea eliminar los aranceles sobre la carne de pollo que le compra a MŽxico. Lo m‡s que ofreci— fue reducirlos de 4.3% a 2%, pero los mexicanos deseaban la eliminaci—n total.

La agresividad de MŽxico en los acuerdos comerciales se refleja en que ese pa’s hermano participa en alrededor de 30 acuerdos con la Uni—n Europea, as’ como con otros pa’ses de AmŽrica Latina, adem‡s del NAFTA. Con los pa’ses que tiene tratados, MŽxico goza de un super‡vit comercial; con los dem‡s tiene un dŽficit.

Como elemento adicional en la discusi—n del impacto de las medidas proteccionistas, no debemos perder de perspectiva los comentarios vertidos por el Director General de la OMC el pasado 21 de noviembre, cuando se–al— que Òel riesgo de un conflicto comercial mundial est‡ creciendo, porque las barreras impuestas por Estados Unidos al acero y los textiles extranjeros est‡n generando amenazas de represalias en todo el mundoÓ. Este comentario resulta ser pertinente aœn cuando la Declaraci—n Final de la VIII Cumbre Ministerial del ALCA, celebrada en Miami hace algunos d’as, garantiza presuntamente elementos de Òequilibrio y flexibilidadÓ para todos los pa’ses participantes. A lo anterior, mi apreciaci—n es que probablemente los ministros se han enterado ahora de algunas de las complicaciones enumeradas anteriormente y, estoy seguro, a lo largo de este Congreso.

            Ahora bien, uno de los asuntos al que se le ha prestado atenci—n en las pasadas semanas tiene que ver con la sede permanente del ALCA. La discusi—n que se gener— recientemente sobre las posibilidades de Puerto Rico se torn— acadŽmica casi de inmediato, cuando la actual administraci—n gubernamental no inici— la gesti—n requerida para radicar la solicitud. Aquellos que esperaban que Puerto Rico fuera la sede Òde consensoÓ recibieron la mala noticia como un balde agua fr’a. De hecho, el Presidente de la Asociaci—n de Industriales de Puerto Rico advirti— que Òsi Miami se convierte en la sede, puede convertirse en el centro de la industria farmacŽutica en el hemisferio, desplazando as’ a Puerto RicoÓ.

            Aœn as’, segœn otros portavoces del sector empresarial: ÒPuerto Rico desempe–— un papel activo en la cumbre ministerial del ALCA y la presencia de unos 30 empresarios y dirigentes gremiales de la Isla tuvo un impacto positivo en las negociaciones entre el norte y el sur del hemisferioÓ, esto refiriŽndose a la reuni—n de la semana pasada en Miami. ÒEsta es una participaci—n œnica y sin precedentes del sector privado con cero apoyo de las altas esferas del Gobierno", fueron las expresiones categ—ricas del presidente del Concilio de Exportadores de Puerto Rico, Salvador Vasallo. El Director Ejecutivo de esa organizaci—n mencion— que: ÒÉestamos aqu’ como parte interesada, no signataria, porque a nosotros nos representa Estados Unidos. Sin embargo, por el hecho de ser el pa’s que mejor combina la cultura empresarial estadounidense con la cultura empresarial latinoamericana, nuestro papel es muy especialÓ. El se–or Vasallo destac— que los delegados puertorrique–os han intervenido con valiosos aportes en todos los foros del concilio empresarial sobre acceso a mercados, leyes de inversi—n, agricultura, derechos de propiedad intelectual y pol’ticas de competencia, entre otros. A su juicio, tras un inicio ÒcandenteÓ el lunes, las negociaciones empresariales, que se realizaron paralelamente con las de los viceministros de Comercio, entraron el martes en una etapa m‡s estable que permiti— confiar en una concretizaci—n del ALCA al final del encuentro.

En este sentido, los dirigentes empresariales de Puerto Rico creen que les ha tocado actuar como ÒcatalizadoresÓ entre los bloques de pa’ses con posiciones encontradas y que, a menudo, han puesto en duda el Žxito de las negociaciones. El se–or Vasallo insisti— en que es importante que el sector privado de nuestro pa’s se interese en estas gestiones que pr‡cticamente est‡n escribiendo el futuro de las ventas de sus compa–’as.

Me parece que una semana despuŽs de estos comentarios, deben ser varios los empresarios que habr‡n comenzado a cuestionarse las verdaderas posibilidades de integraci—n de Puerto Rico a este Acuerdo, a la luz de la negativa del gobierno a solicitar la sede permanente del ALCA. En ese sentido, debo destacar que la decisi—n final no ser‡ tomada por las delegaciones hasta mediados del 2004. Panam‡, MŽxico y la ciudad de Atlanta, son otras aspirantes a recibir el secretariado, adem‡s de Miami.

Como punto final en esta experiencia de contacto entre los empresarios puertorrique–os con sus iguales del resto de las AmŽricas, las recomendaciones y aportaciones de los delegados de Puerto Rico fueron entregadas directamente a la delegaci—n oficial de Estados Unidos el pasado miŽrcoles, al concluir el Foro Ministerial de Las AmŽricas.

Como nota refrescante para los defensores del libre intercambio, la OMC posiblemente llegue a un acuerdo comercial mundial dentro del plazo fijado que expira en el 2005, porque se est‡n empezando a zanjar las divergencias que hicieron fracasar las conversaciones celebradas en septiembre en MŽxico, dijo el director general de la OMC. Curiosamente, este es el mismo funcionario que ha advertido sobre las posibilidades de una guerra comercial. No obstante, tambiŽn ha manifestado que Òhay indicios de que la gente est‡ comenzando a ser m‡s flexible y a participar de una forma m‡s constructivaÓ. A–ade que Ònos hemos acercado algo m‡s y, de ser cierto que se ha vuelto a negociar seriamente sobre agricultura, me consta que podremos tener un acuerdo dentro del plazo fijado".

Como mencionŽ, las conversaciones a las que se refiere este funcionario fracasaron por las discrepancias entre las naciones ricas y las pobres en cuanto a subsidios agr’colas, y porque la Uni—n Europea no pudo persuadir a otros miembros de la OMC de que respaldaran una nueva normativa sobre inversiones y la liberalizaci—n de los controles aduaneros. Segœn la OMC, un acuerdo para aumentar el comercio internacional puede agregar $500,000 millones a la econom’a del mundo. EL 15 de diciembre habr‡ una asamblea para examinar el progreso logrado en las conversaciones, pero aœn no hay acuerdo sobre c—mo emprender los trabajos necesarios para reanudar el di‡logo. El comisario de Comercio de la Uni—n Europea, Pascal Lamy, se ha resistido a los llamados de algunos pa’ses -entre ellos Estados Unidos, Jap—n y China- de que reanude las conversaciones usando la propuesta que se rechaz— en Cancœn, MŽxico, en septiembre.

Por su parte, Estados Unidos quiere eliminar los subsidios agr’colas, pero considera que son una importante arma de negociaci—n ante la OMC como para deshacerse de ella prematuramente durante la creaci—n del ALCA. Esa es la interpretaci—n del presidente del ComitŽ Ejecutivo de la C‡mara de Comercio de Estados Unidos, Larry A. Liebenow, quien dijo que Estados Unidos sigue comprometido a eliminar los subsidios a las exportaciones y a recortar los est’mulos locales sustancialmente. Obviamente, esta apreciaci—n contrasta con el grueso de la informaci—n examinada a lo largo de este Congreso. Segœn Liebenow, los subsidios agr’colas de Estados Unidos representan un verdadero poder de negociaci—n y la Uni—n Europea, Jap—n y Corea lo saben. A esto a–adi— que: ÒÉlas naciones de AmŽrica deber’an usar el sentido comœn y emplear ese poder de negociaci—n en la Ronda de Doha como t‡ctica para presionar sus casos a favor de una reforma agr’cola mundialÓ. Aœn as’, este empresario estadounidense considera que, en cuanto a la creaci—n del ALCA, el acuerdo debe ser amplio y ambicioso, y debe incluir medidas para proteger los derechos a la propiedad intelectual y a las inversiones.

Finalmente, en este recuente casi interminable, Osvaldo Moreira, vicepresidente de la Confederaci—n Nacional de Industria de Brasil, sostuvo durante su intervenci—n en la misma reuni—n empresarial de Miami que Òmerece especial atenci—nÓ la eliminaci—n de las barreras comerciales que perjudica a las exportaciones de los pa’ses en v’as de desarrollo. AdviŽrtase el contraste permanente entre las posiciones de los portavoces del Sur, vis-a-vis los del Norte.

IV.             Lecciones para Puerto Rico

            En mayo de este a–o, William Finnegan public— un extraordinario art’culo (The Economics of Empire: Notes on the Washington ConsensusÓ, HarperÕs Magazine, May 2003. pp. 41-54) en el que formul— una fuerte y contundente cr’tica al llamado Consenso de Washington, que bien vale la pena examinar. Casi inmediatamente despuŽs del 9/11, el Presidente Bush declar— Òlos terroristas atacaron el WTC y nosotros los vamos a derrotar expandiendo y estimulando el intercambio mundialÓ. Robert B. Zoellick fue menos delicado que Bush, cuando sugiri— que los oponentes de la globalizaci—n dirigida por las corporaciones (Òcorporate-led globalizationÓ) pod’an tener algœn tipo de conexi—n intelectual con los terroristas.

            El art’culo destaca que Bolivia, el pa’s m‡s pobre de AmŽrica del Sur, privatiz— su ferrocarril, su l’nea aŽrea, su sistema telef—nico, sus minas y la mayor parte de los servicios b‡sicos. En el texto aparece una foto de un ni–o guatemalteco participando del mercado laboral global, recogiendo desperdicios ÒreciclablesÓ de un vertedero. Segœn el FMI, Hait’ ha hecho muy bien en abrir su econom’a. En una f‡brica de capital de EU, los obreros ganan menos de dos d—lares el d’a.

            Finalmente, nos recuerda que Estados Unidos quiere atragantar a los dem‡s con el libre comercio, pero Žl mismo practica el proteccionismo. ÒLa supremac’a comercial de EU se lograr‡ en nombre de la libertadÓ.

            En la misma l’nea, una de las publicaciones del IDS de la Universidad de Sussex en Inglaterra (Globalisation and Employment: Working for the Poor?, June 2003) apunta que la globalizaci—n y el libre comercio pueden crear empleos en las industrias que promueven exportaciones, pero tambiŽn aumentar la pŽrdida de empleos. La globalizaci—n se concibe como un proceso que ha marginado una buena parte de la poblaci—n mundial y ha contribuido a la desigualdad internacional.

Otra publicaci—n del IDS (Policy Briefing, ÒCan Trade Reform Reduce Global Poverty?Ó, Issue 19, August 2003) sostiene que la liberalizaci—n del comercio puede afectar la pobreza en, por lo menos, tres ‡reas.

1.              Operando como un canal de distribuci—n para cambiar los precios de los bienes que consumen los pobres y, de esa manera, cambiar su ingreso real.

2.              Afectando la rentabilidad de las empresas y, por lo tanto, impactando directamente los niveles salariales y el empleo; y

3.              Afectando los recaudos gubernamentales, lo que se reflejar‡ en los gastos para los programas dirigidos a los pobres.

Afirma el IDS que cada pa’s del mundo subdesarrollado tiene estructuras econ—micas particulares y, por ende, el impacto del libre comercio puede ser diferente.

            Ante esta realidad, la Dra. Jeannette Graulau, de la UPR, Recinto de MayagŸez, sugiere que el fracaso de las negociaciones en Cancœn abre la posibilidad de que se vuelva a crear otra organizaci—n de pa’ses del Tercer Mundo. Cancœn demostr— que el rŽgimen internacional no se basa en el consenso. Una clara se–al de ello es que los pa’ses con las econom’as agr’colas m‡s poderosas est‡n cobijados por el Art’culo 13 del Acuerdo de Agricultura negociado bajo la OMC. Este se conoce tambiŽn como la Cl‡usula de Paz y defiende los intereses de aquellos pa’ses con proteccionismo en la agricultura, como EU y la UE, de ser penalizados bajo otros acuerdos de liberalizaci—n. Esta cl‡usula vence en dic. 2003, pero EU y la UE han pedido extenderla. Mientras los pa’ses m‡s pobres solicitan derogarla, pa’ses como India desean que se establezca una cl‡usula similar para los pa’ses en desarrollo, lo que manifiesta lo dif’cil que es lograr el consenso. La transparencia ha sido puesta en duda en reiteradas ocasiones. Un dato contundente sobre la reuni—n de Cancœn es que el Ministro de Relaciones Exteriores de MŽxico decidi— poner fin a las negociaciones antes de entrar al tema de la agricultura. Jamaica se quej— de discrimen, ya que los pa’ses peque–os no tienen capacidad para aceptar las reglas de la OMC. Para los pa’ses peque–os no se ha contemplado la Òdefensa de las necesidades particularesÓ. Este es un asunto fuera de consideraci—n del rŽgimen econ—mico internacional. En los llamados Ògreen roomsÓ, donde se redactaron los acuerdos, los pa’ses pobres estuvieron fuera de las negociaciones.

Finaliza la distinguida colega con las siguientes palabras: Òno deber’an esperarse efectos redistributivos de los bienes colectivos como consecuencia de estos acuerdos. Es evidente que no se trata de un asunto f‡cil de resolverÓ.

 

V.           Conclusiones

Este recuento de los eventos sobresalientes relacionados con las negociaciones y la propuesta de un acuerdo de libre comercio hemisfŽrico, puede habernos dejado algo confusos. Les confieso que, debido a la complejidad del tema, a veces tambiŽn me sent’ de esa manera.

Para Puerto Rico, uno de los pa’ses de la regi—n que no participa de forma directa en el proceso, las lecciones son mœltiples:

1.                                No hay una receta que garantice el Žxito de los pa’ses participantes en un acuerdo comercial de estas dimensiones.

2.                                La experiencia del desarrollo de la econom’a internacional es clara: los pa’ses subdesarrollados son extremadamente vulnerables a las decisiones de los pa’ses industriales.

3.                                El hecho de que el proteccionismo no ser‡ un escollo f‡cil de vencer no puede ser utilizado como un argumento en contra de los intereses de los pa’ses del Sur, ya que son las naciones del Norte las que m‡s se aferran a esta herramienta.

4.                                Finalmente, como dijo recientemente el Secretario de Estado estadounidense, la participaci—n de Estados Unidos en todo este proceso tiene un prop—sito esencial: proteger sus inversiones y aumentar su presencia en todo el hemisferio. Me temo que en su apreciaci—n, el Sr. Powell no necesariamente incluy— a Puerto Rico.

 

Bibliografía

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ÒBien cerca varios acuerdos bilateralesÓ, El Nuevo D’a, 17 de noviembre de 2003, p‡g. 74.

 

ÒCancœnÕs Charming OutcomeÓ, The Economist, September 20th., 2003, p. 11.

ÒCan Trade Reform Reduce Global Poverty?Ó, Policy Briefing, Issue 19, August 2003, IDS, Sussex University.

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ÒEspera Chile una bonanza econ—micaÓ, El Nuevo D’a, 24 de octubre de 2003, p‡g. 66.

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ÒGlobalisation and Employment: Working for the Poor?, Insights Ð Development Research, IDS, June, 2003.

Graulau, G. ÒEl fracaso de las negociaciones globalesÓ, Di‡logo, octubre, 2003, p‡g. 13.

ÒImparable el tr‡mite comercialÓ, El Nuevo D’a, 18 de octubre de 2003, p‡g. 111.

 

ÒCuestionamiento a EUÓ, El Nuevo D’a, 18 de octubre de 2003, p‡g. 111.

 

Mart’nez, Francisco E. (ed.) El futuro econ—mico de Puerto Rico, Editorial

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ÒPacta Cuba con Panam‡Ó, El Nuevo D’a, 22 de agosto de 2003, p‡g. 93.

 

ÒSe impone el turismoÓ, El Nuevo D’a, 22 de agosto de 2003, p‡g. 90.

 

The Economist, October 4th., 2003, p. 38.

 

The Economist, October 18th., 2003, p. 35.

 

 

 

* Ponencia presentada ante el Congreso Interamericano de Planificaci—n, del 23 al 26 de noviembre de 2003, en San Juan, Puerto Rico.

** Catedr‡tico, Departamento de Econom’a, Universidad de Puerto Rico, Mayaguez.